¿ESTAR ENAMORADO… ES AMAR?
Se puede definir el enamoramiento como una "locura" transitoria que no tiene edad y que repercute en gran medida en la vida cotidiana del afectado. Puede ser una emoción, que irrumpe sin avisar, o una predisposición personal obligatoria por cuenta de la moda o la edad, intensa y brusca, que normalmente se atenuará con el paso del tiempo.
El enamoramiento es una experiencia que nos conmueve y conmociona, un estado pasajero en que el mundo tiende a convertirse en un paraíso y la vida en una fiesta: el diálogo, por arte de magia, deviene inagotable; el sentido del tiempo desaparece y el "ser con" y el "ser para" ese alguien se convierte en uno de los ejes de nuestra existencia.
El amor, en su primera e impulsiva fase, es una nueva, luminosa y diferente forma de estar en la vida, que sacude nuestros cimientos racionales y nos lleva a vivir desde otra perspectiva.
El enamoramiento profundo y apasionado, sin embargo, es un pico de explosión que no parte de quiénes somos en realidad sino de unos seres mutuamente idealizados por una relación muy intensa. Esta situación idílica lleva incorporada su fecha de caducidad, porque el estado de tensión que genera y la suma dedicación que exige no pueden perpetuarse a lo largo de los años. Cuando hablamos de enamoramiento siempre lo asociamos a otra persona a quien buscamos sorprender y agradar convirtiéndose esto en la mayor ilusión. Ese es uno de los problemas: en esta fase impulsiva y optimista a ultranza: comprender al otro, entenderle, deviene cuestión secundaria.
Amar es comunicarse y compartir
Amar es darse al otro, comunicarse, aceptarse y compartirse desde la realidad de quiénes somos. Supone aceptación, esfuerzo y mimo, confianza y una cierta incondicionalidad ante el proyecto de esa relación. Es un continuo, y casi siempre se manifiesta con vocación eterna, no coyuntural.
Quien sabe reaccionar ante la frustración y el sufrimiento, está mejor preparado para la flexibilidad y apertura mental y emocional que el amor necesita para brotar. En resumen, para poder enamorarse y llegar a amar a alguien hay que amar la vida, mostrar interés por lo que acontece a nuestro alrededor “misericordia”, tener ganas de saber, de crear, y aferrarse a la vida “amar”.
Es el amor lo que nos permite acceder a todo un mundo de percepciones ya olvidadas; pero, también es cierto que muchos lamentan no haber estado "preparados" cuando el amor llamó a su puerta. Porque la respuesta al amor exige una disposición emocional, un atrevimiento, la asunción del riesgo de fracaso de la relación, exige saber amar, aceptar y dar sin esperar nada a cambio.
En cualquier momento, independientemente de nuestra edad y situación emocional, enamorarse entra dentro de lo posible. Entrar en amores está muy relacionado con la estructura afectiva de las personas, que se ha ido tejiendo en función del tipo de afectos vividos con personas de gran significación emocional, preferentemente del medio familiar. En cada enamoramiento están presentes, si bien de forma oculta, los modelos y expectativas que arrastramos desde nuestras experiencias afectivas más tempranas. Muchas relaciones fracasan porque se repiten inconscientemente modelos de relación que no funcionaron o porque se esperaba que la persona amada llenara vacíos heredados de una experiencia insatisfactoria de otras relaciones familiares o amorosas. Aunque haya excepciones, casi nadie responde del todo a las expectativas que suscitó en el otro mientras duró la fase de enamoramiento, porque somos seres humanos, y por tanto, imperfectos y bien distintos de la persona idealizada que el otro creó en su mente cuando se enamoró.
El conocimiento de uno mismo, de las vivencias que han influido en nuestra vida, nos ayuda a saber por qué reaccionamos de determinada manera ante una situación o qué debemos modificar para que la relación amorosa resulte satisfactoria. Pero tampoco nuestra historia personal debe erigirse en condicionante fatal que nos impide abrirnos a opciones con expectativas de éxito. Como seres inteligentes y emocionales que evolucionan, somos un proyecto por hacer.
Entonces, a amar se puede aprender, es un acto de voluntad, se enseña en nuestras casas cuando damos amor, y damos, y damos y siempre estamos ahí, sin esperar nada a cambio. Nacimos con esa facilidad y el tiempo y la vida pueden afectar esa capacidad, debemos buscar en nuestro corazón, desarrollarlo, cultivarlo y brindarlo a todos los seres humanos. Aprendiendo a amar, amaremos, daremos amor, sembraremos y cosecharemos AMOR, viviremos en paz con nosotros y el universo.
Como dice el dicho: “nadie da de lo que no tiene.”
“Deseo de corazón que Dios me de la gracia del amor,
que transforme mi vida y que yo lleve su amor por donde vaya.”
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